martes 7 de febrero de 2012
Reconcebir la política cultural
Llevo un tiempo en que, ocasionalmente, relfexiono y escribo algún breve artículo de opinión que envío al diario Levante-EMV con la intención o el deseo de que esas reflexiones, realizadas desde la modestia experiencia e ideología personal, puedan llegar a un público más amplio. También con la ilusión de que el concepto de "gestor cultural" o algunas de las ideas de nuestra profesión puedan llegar al gran público. Y tengo la suerte de ver una gran mayoría de esos textos publicados en las páginas del diario. En efecto, desconozco su eficacia, pero esta situación me permite seguir reflexionando sobre temas más prácticos de la actualidad diaria, incluso con el riesgo de poder encontrar muchas personas que piensen de forma contraria a la mía. Por supuesto, no dejan de ser opiniones personales, fruto de reflexiones propias y que no necesariamente han de ser correctas. Sigo pensando que, a pesar de los años, soy un profesional en continua formación, tanto práctica como teórica y reflexiva. Y esta práctica creo que me ayuda a esa tarea de formarme, aunque sea con cierto grado autodidacta.
En este sentido, el pasado 20 de enero, el diario Levante-EMV me publicó, esta vez en la sección de cultura, un artículo en el que reivindico la necesidad de "reconcebir" (la palabra creo que no existe pero me pareció muy gráfica) las políticas culturales. Pasar de una cultura del entretenimiento a una política cultural que recupere la centralidad de la ciudadanía, y que deposite en los profesionales la tarea de implementarla con los criterios de eficiencia, calidad y responsabilidad; algo para lo que, se supone, estamos suficientemente formados.
Probablemente no deje de ser un deseo iluso, una posibilidad improbable en los tiempos que corren y con los perfiles que están al frente de las políticas culturales (si podemos llamar así a lo que existe hoy en día, y para lo que tengo mis dudas), pero no deja de permitirme cierta reflexión personal, muy lejos del increíble trabajo teórico e intelectual que realizan algunos de mis compañeros de profesión y que envidio sobremanera.
No obstante, creo que, aún así, es interesante que pueda compartir ese texto en este blog que incluso se ha convertido en algo así como archivo de esos artículos míos de opinión aparecidos en prensa.
miércoles 28 de septiembre de 2011
Políticos y gestión de la cultura
Dejo aquí el enlace para que quede constancia de su publicación y esté enlazado directamente a la publicación del diario.
miércoles 17 de agosto de 2011
Políticos y gestión de la cultura
Con motivo de las pasadas elecciones autonómicas leí concienzudamente los programas electorales de aquellos partidos con representación parlamentaria en busca del modelo de política cultural que proponían al electorado. De aquél improvisado análisis, que tengo pendiente sistematizar y retomar, llegué a la conclusión que ningún partido ofrecía una verdadera política cultural. Ofrecían, eso sí, propuestas concretas, desestructuradas en muchos de los casos, y grandilocuentes enunciados de buenas intenciones, que parecían no tener relación con la delicada situación que el sector (o sectores) cultural valenciano estaba viviendo (¿acaso no sigue igual?).
Pasada la resaca electoral, y con la configuración del nuevo gobierno autonómico, nos encontramos de nuevo con directores de centros culturales que han sido nombrados obviando las buenas prácticas demandadas desde hace mucho tiempo por asociaciones profesionales, y con el nombramiento de algunos cargos recayentes en personas que carecen de formación que les capacite para la óptima gestión de la cultura. Pero no nos ha de extrañar en demasía cuando la persona que se pone al frente de las competencias en materia de cultura (Conselleria de Turismo, Cultura y Deporte) plantea, en las entrevistas públicas que concede, medidas a tomar en consideración en todos aquellos ámbitos de su competencia a excepción del cultural; puede ser un simple olvido, o una manera de priorizar sectores económicamente más rentables, a pesar que el cultural está demostrando poder ser un sector económico fuerte y con un importante grado de sostenibilidad económica y social.
Pero la total dejadez de los asuntos culturales por parte de los políticos no disminuye cuando un órgano consultivo como el Consell Valencià de Cultura se renueva con políticos profesionales. Está claro que ese órgano ha estado siempre politizado, de manera más o menos indirecta, por los principales partidos políticos, pero el hecho de que se nombre consejeros a políticos y no a profesionales con una dilatada trayectoria creativa, intelectual, reflexiva o de gestión de la cultura deja mucho que desear, más cuando se quedan fuera nombres que cumplen con creces dicha expectativa.
Así, nos encontramos con partidos políticos que gobiernan, o hacen oposición, sin un modelo de política cultural claro, responsables de centros culturales con un alto perfil político y no técnico, y con un organismo consultivo en materia de cultura formado, en parte, por políticos profesionales. Podríamos hablar de una gestión política (o politizada) de la cultura. Si no nos lo creemos, nunca conseguiremos una cultura ni un sector fuertes. Que manifiesten claramente su deseo de dejarle morir; al menos, así, nos ahorraríamos gran cantidad de euros.
domingo 10 de abril de 2011
Decálogo de apoyo a la gestión cultural
Revisando y ordenando los papeles que, continuamente, invaden mis espacios de trabajo y que dificilmente consigo que desaparezcan, he redescubierto unas anotaciones de este verano pasado. Concretamente, del 6 de julio de 2010.
Este día, en twitter, y a raíz de un comentario de @CristinaRiera, un grupo de personas que nos dedicamos de alguna manera a la gestión cultural compartimos algunas ideas sobre un hipotético decálogo de apoyo a nuestra profesión. Twitter no deja de sorprenderme, y me ha permitido entrar en contacto con grandes profesionales de la gestión cultural con los que, gracias a esta herramienta, me encuentro cercano. Son unos cuantos más, pero algunos de ellos participaron en esta tormenta de ideas: ellos son @CristinaRiera, @mestresbcn e @Indigestio. A ellos, y a todos los gestores culturales que me aportan ideas y conocimiento por medio de las redes sociales, muchas gracias; sin duda, es un espacio de socialización interesante.
He aquí las ideas que se ofrecieron, tal y como se escribieron en menos de 140 caracteres:
1. No convocarás concursos en julio (nuevo mandamiento para el político cultural que pretenda ser facilitador). [@CristinaRiera]
2. Relaciones políticos-agentes culturales basados en la confianza, complicidad y riesgo compartido. [@CristinaRiera]
3. Promoción de valores y actitudes relacionados con la innovación, creatividad, responsabilidad.. pasión por el conocimiento. [@mestresbcn]
4. Establecer vínculos conceptuales y emocionales con otros proyectos. [@mestresbcn]
5. No es necesaria la coherencia/equilibrio entre lo ético, lo legal y lo culturalmente potente (adaptado de A. Mockus). [@mestresbcn]
6. Poner el desarrollo de la ciudadanía en el centro de la acción política y buscar plusvalías culturales en otros ámbitos. [@jomartor]
7. (Complementando el anterior). Sin desarrollo cultural no hay desarrollo. [@mestresbcn]
8. El gestor cultural se debe formar y estar capacitado para aportar ideas y para captar las iniciativas de los demás. [@mestresbcn]
9. Escuchar y tener política cultural propia ha de ser compatible. [@Indigestio]
10. Ve más allá de lo que te piden las normas y el control económico. Es tu trabajo. [@Indigestio]
11. Si has de poner en marcha una política/proyecto cultural, estudia bien si hay ya algo parecido y aprende de él. Ahorrarás recursos. [@jomartor]
12. Considerar al agente cultural como aliado colaborador, no mendigo ni competidor. [@CristinaRiera]
13. Considerar al agente cultural como mediador o facilitador de las necesidades de la ciudadanía o el sector. [@CristinaRiera]
Un total de trece ideas que podrían complementarse con otras muchas; cada una de ellas podría llevar consigo un interesante debate sobre las relaciones que mantienen los profesionales de la gestión cultural con los diferentes agentes; pero, sin duda, resulta un interesante ejercicio colectivo de carácter renovador. Espero algún otro parecido muy pronto, bien de forma virtual, bien de forma presencial.
¿Alguna otra idea para añadir?
miércoles 30 de marzo de 2011
Teatro para la paz
Si hubiera sabido de las acciones que el sector teatral valenciano estaba organizando (el lunes se pidió la dimisión de la directora de Teatres de la Generalitat), el texto hubiera sido diferente.
El año pasado, en un artículo parecido (Por un Día Mundial del Teatro y el Diálogo) postulaba por la necesidad de establecer mecanismos de diálogo entre todos los agentes de la realidad escénica valenciana, algo que parece que al sector político le sigue aterrando. Las noticias de estos días no hacen más que dejar de manifiesto que los dirigentes de la política teatral valenciana no parecen creer en ese diálogo; una verdadera pena.
Aquí os dejo el enlace al artículo del periódico; al menos, seguiremos pensando que otra realidad es posible.
domingo 27 de marzo de 2011
Teatro para un mundo convulso: teatro para la paz.
El año pasado, un artículo publicado en el diario Levante-EMV nos permitía manifestar nuestro deseo de que se establecieran mecanismos de diálogo entre empresas, asociaciones profesionales e instituciones públicas implicadas en la realidad teatral de nuestro contexto geográfico, en lo que consideramos una actividad de responsabilidad política y ciudadana para con los valores que imprime el teatro. Hoy hemos de lamentar que aquél diálogo que considerábamos lógico, responsable y constructivo no se haya producido, y que sigamos con la sensación de una realidad escénica valenciana muy por debajo de sus posibilidades en cuanto a su proyección pública y de alcance al ciudadano; presenciamos una actividad creativa de primer orden que, por diversas circunstancias, no consigue trasladarse a iniciativas que lleguen al público, y en esto la responsabilidad de las administraciones públicas es fundamental.
Pero este año, y ante una situación internacional inestable en la que los conflictos bélicos están adquiriendo un notable protagonismo, no podemos dejar de hacernos eco de la principal idea manifestada por Jessica A. Kaahwa que, desde Uganda, nos transmite el Mensaje del Día Mundial del Teatro 2011: el valor del teatro como elemento integrador.
El teatro posee la capacidad de convertirse en un medio de difusión de las ideas, más allá de las diferencias de lenguaje y culturas, que se desarrolla con la participación e interacción de los lenguajes escénicos. El teatro, como la música, ha demostrado su capacidad integradora más allá de creencias y nacionalidades; a su vez, la práctica teatral permite una evasión de la realidad diaria, especialmente interesante en contextos desfavorables para el bienestar personal, y el establecimiento de lazos de unión intergeneracional. La autora del mensaje de 2011 invita a “proponer al teatro como herramienta universal de diálogo, transformación y reforma social”. Se trata de una idea que se ha aplicado en múltiples ocasiones en contextos de exclusión social o en comunidades con dificultades de integración, y la gran mayoría de estas iniciativas ha dado resultados muy satisfactorios para el desarrollo de los grupos participantes.
El teatro, más allá de su vertiente estética y lúdica, permite promover mensajes de paz y reconciliación. En un mundo cada vez más convulso, y en el que la paz se tambalea cada día, es preciso buscar herramientas que permitan aportar un significado a la realidad cotidiana; las artes escénicas pueden tender puentes entre civilizaciones y, a su vez, construir conciencia y ayudar en el duro trance de superar un nunca deseado conflicto bélico. Ojala hoy pudiéramos sustituir las trincheras por bambalinas; sin duda, el mundo y todos nosotros ganaríamos una importante dosis de dignidad colectiva.
jueves 24 de marzo de 2011
Pisar el tereno
En febrero, y en consonancia con mi implicación profesional en el Mapa Cultural de la Provincia de Valencia (www.mapaculturaldevalencia.es), inicié una serie de visitas a municipios que me permitieran contrastar información obtenida de fuentes secundarias variadas. En muchos casos únicamente se realizaba una confirmación de los datos, pero la riqueza de la visita va mucho más allá de la mera afirmación de que los datos son correctos.
En la gestión cultural, sobre todo en la que denomino gestión cultural territorial (aquella que interviene en un territorio geográfico y no en un sector cultural específico), es fundamental conocer el ámbito territorial en el que se pretende trabajar. Mucha información de carácter sociodemográfico puede extraerse de fuentes estadísticas, información geográfica, económica o incluso de prácticas culturales y sociales de respectivas fuentes específicas. Pero, y a pesar de que soy un fiel defensor de la investigación y el uso de fuentes científicas, considero fundamental “pisar el terreno”.
Una visita a un municipio puede aportar mucha información, sobre todo cualitativa, sobre su población, su geografía y el modo en que una determinada intervención cultural puede afectar a sus habitantes. Esta información, junto con la obtenida de estudios y observaciones, permite al gestor cultural disponer de una visión más amplia del territorio en el que va a desarrollar su actividad. En ocasiones, hablar con los dirigentes o con los diferentes técnicos que trabajan en el municipio aporta una información de un gran valor; en otras ocasiones, basta con una conversación sencilla e improvisada en un bar o mientras se pasea por las calles del municipio.
En muchas ocasiones, la gestión cultural se convierte fácilmente en una actividad de despacho, ajena a la realidad, y rodeada (en el mejor de los casos) de informes, planificaciones y estudios. El gestor cultural ha de saber recuperar la calle, el trabajo de campo, el contacto con la gente y con una realidad que es intrínseca al desarrollo cultural. La gestión cultural requiere de una realidad tangible para poder desarrollar sus valores intangibles, y el profesional gestor cultural ha de ser consciente de esa necesidad de pisar el terreno, de conocer su territorio; es una necesidad que se ha de satisfacer continuamente, por la salud de su actividad y de su profesión.