Hoy, el diario Levante-EMV me publica un artículo que había preparado hace algo más de una semana para el Día Mundial del Teatro (27 de marzo) y que, al no haberse publicado ese día, yo había colgado ya en el blog.
Si hubiera sabido de las acciones que el sector teatral valenciano estaba organizando (el lunes se pidió la dimisión de la directora de Teatres de la Generalitat), el texto hubiera sido diferente.
El año pasado, en un artículo parecido (Por un Día Mundial del Teatro y el Diálogo) postulaba por la necesidad de establecer mecanismos de diálogo entre todos los agentes de la realidad escénica valenciana, algo que parece que al sector político le sigue aterrando. Las noticias de estos días no hacen más que dejar de manifiesto que los dirigentes de la política teatral valenciana no parecen creer en ese diálogo; una verdadera pena.
Aquí os dejo el enlace al artículo del periódico; al menos, seguiremos pensando que otra realidad es posible.
miércoles 30 de marzo de 2011
domingo 27 de marzo de 2011
Teatro para un mundo convulso: teatro para la paz.
Un año más, este 27 de marzo multitud de países celebrarán el Día Mundial del Teatro en el que se ha asumido como una efeméride para conmemorar y proyectar los valores de la actividad teatral. Nuevamente, diversas iniciativas recorrerán la geografía internacional para celebrar que la realidad escénica está viva y se establecerán mecanismos de reflexión sobre la situación real del sector.
El año pasado, un artículo publicado en el diario Levante-EMV nos permitía manifestar nuestro deseo de que se establecieran mecanismos de diálogo entre empresas, asociaciones profesionales e instituciones públicas implicadas en la realidad teatral de nuestro contexto geográfico, en lo que consideramos una actividad de responsabilidad política y ciudadana para con los valores que imprime el teatro. Hoy hemos de lamentar que aquél diálogo que considerábamos lógico, responsable y constructivo no se haya producido, y que sigamos con la sensación de una realidad escénica valenciana muy por debajo de sus posibilidades en cuanto a su proyección pública y de alcance al ciudadano; presenciamos una actividad creativa de primer orden que, por diversas circunstancias, no consigue trasladarse a iniciativas que lleguen al público, y en esto la responsabilidad de las administraciones públicas es fundamental.
Pero este año, y ante una situación internacional inestable en la que los conflictos bélicos están adquiriendo un notable protagonismo, no podemos dejar de hacernos eco de la principal idea manifestada por Jessica A. Kaahwa que, desde Uganda, nos transmite el Mensaje del Día Mundial del Teatro 2011: el valor del teatro como elemento integrador.
El teatro posee la capacidad de convertirse en un medio de difusión de las ideas, más allá de las diferencias de lenguaje y culturas, que se desarrolla con la participación e interacción de los lenguajes escénicos. El teatro, como la música, ha demostrado su capacidad integradora más allá de creencias y nacionalidades; a su vez, la práctica teatral permite una evasión de la realidad diaria, especialmente interesante en contextos desfavorables para el bienestar personal, y el establecimiento de lazos de unión intergeneracional. La autora del mensaje de 2011 invita a “proponer al teatro como herramienta universal de diálogo, transformación y reforma social”. Se trata de una idea que se ha aplicado en múltiples ocasiones en contextos de exclusión social o en comunidades con dificultades de integración, y la gran mayoría de estas iniciativas ha dado resultados muy satisfactorios para el desarrollo de los grupos participantes.
El teatro, más allá de su vertiente estética y lúdica, permite promover mensajes de paz y reconciliación. En un mundo cada vez más convulso, y en el que la paz se tambalea cada día, es preciso buscar herramientas que permitan aportar un significado a la realidad cotidiana; las artes escénicas pueden tender puentes entre civilizaciones y, a su vez, construir conciencia y ayudar en el duro trance de superar un nunca deseado conflicto bélico. Ojala hoy pudiéramos sustituir las trincheras por bambalinas; sin duda, el mundo y todos nosotros ganaríamos una importante dosis de dignidad colectiva.
El año pasado, un artículo publicado en el diario Levante-EMV nos permitía manifestar nuestro deseo de que se establecieran mecanismos de diálogo entre empresas, asociaciones profesionales e instituciones públicas implicadas en la realidad teatral de nuestro contexto geográfico, en lo que consideramos una actividad de responsabilidad política y ciudadana para con los valores que imprime el teatro. Hoy hemos de lamentar que aquél diálogo que considerábamos lógico, responsable y constructivo no se haya producido, y que sigamos con la sensación de una realidad escénica valenciana muy por debajo de sus posibilidades en cuanto a su proyección pública y de alcance al ciudadano; presenciamos una actividad creativa de primer orden que, por diversas circunstancias, no consigue trasladarse a iniciativas que lleguen al público, y en esto la responsabilidad de las administraciones públicas es fundamental.
Pero este año, y ante una situación internacional inestable en la que los conflictos bélicos están adquiriendo un notable protagonismo, no podemos dejar de hacernos eco de la principal idea manifestada por Jessica A. Kaahwa que, desde Uganda, nos transmite el Mensaje del Día Mundial del Teatro 2011: el valor del teatro como elemento integrador.
El teatro posee la capacidad de convertirse en un medio de difusión de las ideas, más allá de las diferencias de lenguaje y culturas, que se desarrolla con la participación e interacción de los lenguajes escénicos. El teatro, como la música, ha demostrado su capacidad integradora más allá de creencias y nacionalidades; a su vez, la práctica teatral permite una evasión de la realidad diaria, especialmente interesante en contextos desfavorables para el bienestar personal, y el establecimiento de lazos de unión intergeneracional. La autora del mensaje de 2011 invita a “proponer al teatro como herramienta universal de diálogo, transformación y reforma social”. Se trata de una idea que se ha aplicado en múltiples ocasiones en contextos de exclusión social o en comunidades con dificultades de integración, y la gran mayoría de estas iniciativas ha dado resultados muy satisfactorios para el desarrollo de los grupos participantes.
El teatro, más allá de su vertiente estética y lúdica, permite promover mensajes de paz y reconciliación. En un mundo cada vez más convulso, y en el que la paz se tambalea cada día, es preciso buscar herramientas que permitan aportar un significado a la realidad cotidiana; las artes escénicas pueden tender puentes entre civilizaciones y, a su vez, construir conciencia y ayudar en el duro trance de superar un nunca deseado conflicto bélico. Ojala hoy pudiéramos sustituir las trincheras por bambalinas; sin duda, el mundo y todos nosotros ganaríamos una importante dosis de dignidad colectiva.
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jueves 24 de marzo de 2011
Pisar el tereno
Retomo, después de mucho tiempo, la escritura en el blog con una idea que siempre he tenido muy presente, pero que en los últimos dos meses he reforzado en mis convicciones para con el ejercicio práctico de la gestión cultural. La idea no es otra que la necesidad de pisar el terreno, de conocer el territorio en el que realizamos la gestión cultural, de recorrer nuestros municipios, de hablar con sus gentes, de empaparnos de un conocimiento directo.
En febrero, y en consonancia con mi implicación profesional en el Mapa Cultural de la Provincia de Valencia (www.mapaculturaldevalencia.es), inicié una serie de visitas a municipios que me permitieran contrastar información obtenida de fuentes secundarias variadas. En muchos casos únicamente se realizaba una confirmación de los datos, pero la riqueza de la visita va mucho más allá de la mera afirmación de que los datos son correctos.
En la gestión cultural, sobre todo en la que denomino gestión cultural territorial (aquella que interviene en un territorio geográfico y no en un sector cultural específico), es fundamental conocer el ámbito territorial en el que se pretende trabajar. Mucha información de carácter sociodemográfico puede extraerse de fuentes estadísticas, información geográfica, económica o incluso de prácticas culturales y sociales de respectivas fuentes específicas. Pero, y a pesar de que soy un fiel defensor de la investigación y el uso de fuentes científicas, considero fundamental “pisar el terreno”.
Una visita a un municipio puede aportar mucha información, sobre todo cualitativa, sobre su población, su geografía y el modo en que una determinada intervención cultural puede afectar a sus habitantes. Esta información, junto con la obtenida de estudios y observaciones, permite al gestor cultural disponer de una visión más amplia del territorio en el que va a desarrollar su actividad. En ocasiones, hablar con los dirigentes o con los diferentes técnicos que trabajan en el municipio aporta una información de un gran valor; en otras ocasiones, basta con una conversación sencilla e improvisada en un bar o mientras se pasea por las calles del municipio.
En muchas ocasiones, la gestión cultural se convierte fácilmente en una actividad de despacho, ajena a la realidad, y rodeada (en el mejor de los casos) de informes, planificaciones y estudios. El gestor cultural ha de saber recuperar la calle, el trabajo de campo, el contacto con la gente y con una realidad que es intrínseca al desarrollo cultural. La gestión cultural requiere de una realidad tangible para poder desarrollar sus valores intangibles, y el profesional gestor cultural ha de ser consciente de esa necesidad de pisar el terreno, de conocer su territorio; es una necesidad que se ha de satisfacer continuamente, por la salud de su actividad y de su profesión.
En febrero, y en consonancia con mi implicación profesional en el Mapa Cultural de la Provincia de Valencia (www.mapaculturaldevalencia.es), inicié una serie de visitas a municipios que me permitieran contrastar información obtenida de fuentes secundarias variadas. En muchos casos únicamente se realizaba una confirmación de los datos, pero la riqueza de la visita va mucho más allá de la mera afirmación de que los datos son correctos.
En la gestión cultural, sobre todo en la que denomino gestión cultural territorial (aquella que interviene en un territorio geográfico y no en un sector cultural específico), es fundamental conocer el ámbito territorial en el que se pretende trabajar. Mucha información de carácter sociodemográfico puede extraerse de fuentes estadísticas, información geográfica, económica o incluso de prácticas culturales y sociales de respectivas fuentes específicas. Pero, y a pesar de que soy un fiel defensor de la investigación y el uso de fuentes científicas, considero fundamental “pisar el terreno”.
Una visita a un municipio puede aportar mucha información, sobre todo cualitativa, sobre su población, su geografía y el modo en que una determinada intervención cultural puede afectar a sus habitantes. Esta información, junto con la obtenida de estudios y observaciones, permite al gestor cultural disponer de una visión más amplia del territorio en el que va a desarrollar su actividad. En ocasiones, hablar con los dirigentes o con los diferentes técnicos que trabajan en el municipio aporta una información de un gran valor; en otras ocasiones, basta con una conversación sencilla e improvisada en un bar o mientras se pasea por las calles del municipio.
En muchas ocasiones, la gestión cultural se convierte fácilmente en una actividad de despacho, ajena a la realidad, y rodeada (en el mejor de los casos) de informes, planificaciones y estudios. El gestor cultural ha de saber recuperar la calle, el trabajo de campo, el contacto con la gente y con una realidad que es intrínseca al desarrollo cultural. La gestión cultural requiere de una realidad tangible para poder desarrollar sus valores intangibles, y el profesional gestor cultural ha de ser consciente de esa necesidad de pisar el terreno, de conocer su territorio; es una necesidad que se ha de satisfacer continuamente, por la salud de su actividad y de su profesión.
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