domingo 14 de febrero de 2010

La proximidad en la gestión cultural

Uno de los principales elementos a tener en cuenta en la gestión cultural territorial (aquella que se centra en un territorio y no en un sector específico) es la proximidad al usuario.

Efectivamente, siempre se ha afirmado que es la administración local la que más actúa sobre el sector cultural (y los presupuestos en materia de difusión cultural así lo muestran), por ser la administración más cercana al ciudadano y, por tanto, la que es más consciente de sus necesidades y demandas. Y esta proximidad, en los pequeños municipios, se ha visto materializada en centros culturales polivalentes, que pueden ejercer de verdaderos motores y catalizadores de la vida cultural local.

Esta proximidad se vuelve más compleja en ciudades de mediano y gran tamaño, en las que las dimensiones territoriales y demográficas demandan la presencia de más de un centro ya que, en caso contrario, ese único existente se convierte en un contenedor de difusión cultural, pero con poca (o ninguna) conexión directa con el ciudadano. En este sentido, no son pocas las experiencias de redes de centros culturales de proximidad o de barrio repartidos por toda la geografía del municipio, de manera que se materializa la existencia de centros culturales céntricos o nucleares (generalmente especializado en algún sector cultural) y, a su vez, centros culturales de proximidad, con identificación a barrios concretos, que trabajan con una mayor polivalencia de funciones y actividades.

Una política cultural de proximidad debe pretender acercar la cultura a toda la ciudadanía, desde el punto de vista geográfico, pero también sociocultural y demográfico, y debe conseguir implicar a esa ciudadanía en la cultura producida y difundida en ella. Desde otro punto de vista, una política cultural de proximidad debe ser capaz de llevar la cultura a todos los barrios de la localidad y de dar centralidad cultural a las zonas periféricas. Y este tipo de política debe manifestarse con la creación de un tejido importante de centros de proximidad que, a su vez y de manera independiente, deberían cumplir algunos (si no todos) de estos requisitos:

  • De titularidad pública.
  • Con cierto grado de polivalencia en sus espacios.
  • Ubicado en un ámbito de influencia limitado dentro del municipio.
  • Que presten servicios con cierto nivel de integración a los ciudadanos.
  • Con una programación educativa, cultural, social, de atención al ciudadano o de participación ciudadana.

Una red de centros de proximidad activos y con una buena programación puede ayudar al aumento de la calidad de vida en tanto que favorece la satisfacción de las necesidades culturales de los ciudadanos. En este sentido, la programación de estos centros debería abarcar:

  • Creación: los ciudadanos han de ver el centro como un cauce para favorecer sus inquietudes de creación cultural, ya sea amateur o profesional, especialmente en los sectores de población más joven.
  • Difusión: un centro contenedor de iniciativas propias o ajenas dispuestas a ser ofrecidas al público, en algunos casos como primera aproximación a las manifestaciones culturales.
  • Educación: la incorporación de actividades didácticas y talleres artísticos a la programación habitual puede convertir al centro en una oportunidad para la educación no formal de los ciudadanos.
  • Cohesión social: un centro de estas características puede permitir al fortalecimiento del tejido social en tanto que espacio contenedor de propuestas de colectivos y asociaciones locales, siempre dentro de las líneas de programación marcadas por la dirección del centro.
  • Participación: la proximidad al ciudadano que permite este tipo de centros culturales favorece la interacción con las demandas culturales de los vecinos y su participación en la programación cultural.

La creación de una red de centros culturales periféricos dentro del marco de una política cultural de proximidad puede favorecer el desarrollo cultural local desde todos los puntos de vista, permitiendo una dinamización de la vida cultural de la localidad y del tejido social existente, así como de motor y catalizador de posibles propuestas artísticas y culturales estables.

La proximidad se convierte, por tanto, en uno de los ejes principales de acción en la gestión cultural, muy ligada a la participación y el desarrollo de públicos, y en una verdadera oportunidad para el desarrollo local de nuestros municipios.