lunes 31 de agosto de 2009

Los clubes de lectura

Hace tiempo que se está generalizando la práctica de constituir, en las bibliotecas municipales, grupos o clubes de lectura como actividad de fomento de la cultura. Estos clubes no son más que grupos de personas que leen un mismo libro durante un tiempo determinado, al mismo ritmo, y que se juntan periódicamente para comentar la lectura realizada. Así, se combina la lectura individual y el comentario grupal, con todo lo que conlleva una reunión de este tipo.

Las reuniones pueden ser semanales (preferiblemente), quincenales o mensuales, y en ellas los diferentes miembros del grupo comentan y debaten algunos aspectos del libro (acción, personajes, estilo literario, etc.). Al finalizar la reunión, se acuerda qué parte del libro leer en la semana siguiente, y únicamente en la siguiente reunión se comentará, con el compromiso de todos los miembros a no comentar ningún aspecto reflejado más allá del límite acordado.

Todos los miembros del grupo deben leer un mismo título, en la misma edición, que pueden obtener, bien comprándolo, bien obteniéndolo mediante el préstamo de la biblioteca.

Los grupos pueden ser de adultos o de jóvenes, y puede variar según el tipo de lectura, la lengua y los objetivos del grupo, entre otros posibles aspectos. El número ideal de miembros debería estar entre veinte y veinticinco para los grupos adultos, y entre diez y quince para los niños y jóvenes.

Una persona adulta coordinará el grupo. Esa persona será la encargada de moderar las reuniones, transmitir el mensaje del libro, plantear preguntas, motivar la participación, y organizar cualquier otra actividad extraordinaria que tenga por objetivo incidir en el trabajo del grupo. El coordinador deberá preparar cada sesión antes de la reunión, destacando algunos aspectos de la obra y preparando preguntas para motivar el debate y la participación.

Las reuniones deberían ser, preferiblemente, semanales y su duración no debería exceder de los 90 minutos. Es conveniente que los miembros estén sentados en forma circular, de forma que se facilite la interacción entre todos ellos, y que se conozcan entre sí, al menos cómo se llama cada uno de ellos. El lugar ha de ser agradable y cómodo para todos ellos y que sirva de referencia para la actividad; por ello, una sala de la biblioteca es la mejor opción.

Estas son algunas pautas que se pueden tener en cuenta a la hora de iniciar un grupo de lectura, aunque algunos otros consejos pueden obtenerse de Internet y de la experiencia de bibliotecarios y gestores culturales que hayan desarrollado grupos en municipios, instituciones culturales o colectivos ciudadanos. Algunas muy buenas ideas a través de una “receta” están disponibles en el portal Travesía de bibliotecas del Ministerio de Cultura español; pero, sin duda, la mejor receta ha de llevarse a cabo; los ingredientes son relativamente sencillos de obtener, ¡encendamos el fuego y cocinemos!

jueves 27 de agosto de 2009

La rebelión contra la SGAE

Hace dos semanas se levantaba en España una gran expectación ante la enérgica protesta del ayuntamiento de Zalamea de la Serena (Badajoz) por el hecho de que la Sociedad General de Autores y Editores le reclamase un dinero en concepto de los derechos de autor derivados de la actividad cultural del municipio. El hecho, que no es la primera vez que sucede, sorprende aún más cuando se van leyendo las diferentes declaraciones de las personas que se implican en dicho hecho.

El alcalde de Zalamea de la Serena protestaba porque la SGAE le reclamara entre 12.000 y 14.000 euros, según él, por la representación (que realizan tradicionalmente vecinos del mismo municipio de manera aficionada) de la obra “El alcalde de Zalamea” de Calderón de la Barca. Al alcalde se le llenó la boca en todos los medios de comunicación con que era un atraco que la SGAE le hiciera pagar por lo que él consideraba la historia de su pueblo. Hasta aquí, la cosa podía ir bien. Pero sigamos.

Resulta que la obra que representan, de Calderón de la Barca, sí, y por tanto exenta de derechos de autor, es una adaptación que hizo un autor, Francisco Brines y que se viene representando 16 años en la localidad, y que, ésta sí, requiere del pago de unos derechos de autor. ¿Por qué estos derechos? Cuando un autor escribe una obra puede cobrarla o no, editarla o no, pero por ley adquiere unos derechos sobre esa obra. Él es el padre de esa obra y, por tanto, puede decidir qué hacer con ella. Pongamos que una compañía de teatro coge “prestada” la obra y, sin autorización del autor, la representa, modificándola en lo que quiera o, cuanto menos, cobrando un dinero por una historia que la pensó, maduró y desarrolló otra persona que no va a ver ni un euro de esa representación. ¿No sería justo que ese autor cobrase algo por participar con su obra a que esa compañía gane dinero? A mí, sinceramente, no me parece nada descabellado. Y sí, puede que Calderón de la Barca contase un episodio de la historia del pueblo, pero fue él quien se molestó en sentarse y elaborarla en formato de texto dramático; por tanto, ya no es la historia del pueblo, es una obra literaria basada en un acontecimiento real; y además, esa obra fue adaptada por un autor para su representación actualizada por los habitantes del pueblo. ¿Alguien se cree, por tanto, que se puede decir que se está representando la historia del pueblo? No, en todo caso se podrá estar representando una obra dramática realizada (más o menos fidedignamente) a partir de un acontecimiento real ocurrido en la localidad.

Pero la historia no acaba ahí. Resulta que de esa cantidad inicial, sólo 95 euros, según parece, corresponde al teatro, y el resto a deudas en concepto de derechos de autor por todos los actos culturales realizados en el municipio durante 11 años. La cosa, por tanto, ya no es como parecía al principio.

Dos días después, el 15 de agosto, aparece en la prensa que otro municipio, Fuente Obejuna (Córdoba) se suma a las protestas de Zalamea por la representación (en similares circunstancias) de Fuenteovejuna, de Lope de Vega. En este caso, se demuestra, y así lo reconoce la SGAE, que esta representación está exenta del pago de derechos porque la adaptación corresponde a un autor que no es miembro de la SGAE; pero el hecho es que tras esa protesta se encuentra la negativa a pagar una deuda contraída con el ayuntamiento por 31.000 euros producida por las diferentes actividades culturales y festivas realizadas en el municipio, nuevamente, desde 1998. Se suceden descalificaciones por parte de los responsables políticos hacia la sociedad de gestión (incluso acusando de querer cobrar un impuesto revolucionario, cuando no es ningún impuesto) sin llegar a considerar en todo momento que, guste o no, la función que desarrolla esa sociedad de gestión está amparada por la Ley de Propiedad Intelectual y que desarrollan una importante labor para los profesionales de la autoría, por ellos mismos reconocida.

Y cuando parecía que todo comenzaba a solucionarse, surge otra voz, esta vez desde la Federación Valenciana de Municipios y Provincias, acusando a la SGAE de un apetito voraz, e incluso amenazando de una posible futura insumisión por parte de los ayuntamientos. En definitiva, se queja de los importes que los ayuntamientos deben pagar en concepto de derechos de autor por todas las actividades culturales y lúdicas del municipio. Pero, esta vez, no se tiene en cuenta ni en consideración que los municipios, a la hora de programar y presupuestar sus actividades, deberían contar con ese gasto, recogido por la ley, como un elemento más de la planificación municipal; y, por otro lado, tampoco tiene en cuenta que las tarifas que aplica la Sociedad General de Autores fueron acordadas colectivamente a través de un convenio suscrito por la SGAE y la Federación Española de Municipios y Provincias en 1996.

Esta historia, en la que me he alargado demasiado, no hace sino manifestar importantes carencias. Por un lado, la de algunos responsables políticos que muestran un total desconocimiento de la legislación sobre propiedad intelectual (tanto la filosofía de la misma como su aplicación); su menosprecio (o cuanto menos neutralidad) con respecto a los autores y creativos, que pese a que dicen que en ningún momento van en contra de ellos sí que van en contra de sus intereses; una mala planificación económica al no tener en consideración esos importes; y un cierto poco respeto al tratar de levantar a la opinión pública en contra de una sociedad de gestión que, podamos estar más o menos de acuerdo con su funcionamiento, está amparada por la ley y por los propios socios que forman parte de ella.

Pero, en el lado contrario, este hecho también demuestra un desconocimiento por parte del total de la población de la filosofía y aplicación de la ley y del funcionamiento de las sociedades de gestión. Si, efectivamente, la SGAE permite facilitar el cobro y pago de derechos de autor, considero que debería hacer un esfuerzo importante para dar a conocer su funcionamiento y razón de ser. La SGAE ha de comunicarse hacia afuera, entre profesionales de la política y la gestión cultural, pero también entre los ciudadanos de a pie, para poder evitar la imagen de “chupones y golfos” que se le ha adjudicado.

De todas formas, éste es un tema recurrente. Seguro que el año próximo, a más tardar, volvemos a oirlo.

lunes 24 de agosto de 2009

Congreso sobre Economía y Cultura


El SARC de la Diputación de Valencia está organizando un congreso sobre la relación existente entre economía y cultura para los días 10 a 13 de noviembre; en él se tratarán diversos aspectos de esta relación como el consumo cultural, la inversión económica y la gestión empresarial.

El Congreso Internacional sobre la Plusvalía Económica de la Cultura ofrecerá, por tanto, una oportunidad de diálogo y reflexión que estamos convencidos que valdrá la pena aprovechar. Aunque aún no se ha hecho público el programa, el material de difusión del congreso indica que se desarrollarán los siguientes aspectos:



  • Evolución histórica del crecimiento económico de recursos culturales en la provincia de Valencia.

  • Inversión pública.

  • El mecenazgo cultural. Aplicación de la ley.

  • Propuestas de mecenazgo.

  • Sociología del consumo en temas culturales.

  • El consumo cultural en el mundo.

  • El consumo cultural en España.

  • La organización del consumo cultural.

  • Economía y cultura: interrelaciones y desafíos.

  • Gestión económica de empresas.

  • El crecimiento empresarial en el sector artístico.

  • Modelos empresariales en distintos ámbitos de la cultura.

Además, la organización del congreso ofrece la posibilidad de presentar comunicaciones sin lectura pública que deberán remitirse antes del 4 de septiembre para su aprobación. Por otro lado, la preinscripción para el congreso ya está abierta, y próximamente se requerirá la formalización de la misma.


Para aquellos que podáis estar interesados, os animo a consultar toda la información disponible en la web del SARC. Y a aquellos que finalmente tengáis la oportunidad de asistir... ¡allí nos veremos!

sábado 22 de agosto de 2009

La importancia del personal frontera

El jueves 20 de agosto, la prensa valenciana hacía eco de una noticia que, cuanto menos, resultaba algo impactante. “El museo de las Torres de Quart cierra antes de hora y deja atrapados a 16 turistas”, rezaba el titular, en primera página, de uno de los principales diarios de la ciudad. El caso es que, según se supo 36 horas después (hasta ese momento el silencio de los responsables del ayuntamiento había sido total), el bedel responsable del edificio se había retirado por una indisposición que le había llevado hasta el ingreso en el hospital. Por ese motivo, parece ser que el hombre no cumplió el protocolo de cierre del monumento, con la lamentable consecuencia de dejar a un grupo de visitantes encerrados durante algo más de una hora, hasta que la policía local consiguió localizar una copia de las llaves de la reja.

La verdad es que resulta paradójico pensar sobre la inexistencia de avisos auditivos del cierre del monumento, o sobre el hecho de que el bedel no avisara de su indisposición (a un policía local, por ejemplo) para que le sustituyeran durante el tiempo en el que los visitantes se quedaran desatendidos (sustitución únicamente para el cierre, claro está), o cualquier otra duda que puede surgir a raíz del hecho. Sin duda, muy probablemente, la peor consecuencia de esto es la imagen que del servicio cultural de la ciudad se hayan podido llevar los visitantes foráneos, de incumplimiento de horarios y de poca atención; por supuesto, estamos hablando de un hecho totalmente aislado y excepcional, pero hemos de tener en cuenta que aquellos turistas que visitaron las Torres de Quart el 20 de agosto no volverán a visitarlas, probablemente, hasta que vuelvan a la ciudad.

Este incidente nos hace reflexionar sobre la importancia de aquél personal de atención al público (que algunos denominan personal frontera), y que es el que verdaderamente está en contacto directo con los usuarios de los servicios. Y en cultura, también. Los gestores culturales hemos de ser conscientes de la importancia estratégica de este tipo de personal, sobre todo en cuanto a imagen y calidad prestada del servicio.

Los nuevos servicios culturales (los que actualmente son demandados por los usuarios y a los que hemos de ser capaces de llegar) requieren de una nueva concepción del servicio de recepción y atención continua; y en este caso, las tradicionales figuras de conserje, portero u ordenanza son insuficientes, tal y como destaca la Fundación Kaleidos en Equipamientos municipales de proximidad. Gestión de calidad (Trea, Gijón, 2003). Estos nuevos puestos de atención al público conservan las funciones de control y mantenimiento básico del edificio, pero desarrollan de manera importante aquellas de atención e información. Un perfil aproximado de este tipo de personal podría ser la que recoge la Declaración de Valencia bajo la denominación de auxiliares de cultura.

Esta nueva concepción del personal frontera o de atención requiere, igualmente, una formación específica. Hace algún tiempo, alguien que había contactado conmigo a través de mi página web me preguntaba sobre los requisitos de un programa de formación para personal de atención al público en centros culturales. La pregunta no resulta ingenua, ya que el personal del que hablamos ha de ser capaz de abarcar muchos aspectos, pero, puestos a especificar algunos posibles módulos de formación, yo incluiría, entre otros, los siguientes:

  • La atención al público.
  • Empatía y asertividad.
  • Algunos elementos sobre psicología del consumidor de servicios culturales.
  • La institución en la que se enmarca su puesto de trabajo (organigrama, competencias, funcionamiento).
  • La imagen corporativa.
  • Procesos de gestión y atención de quejas y reclamaciones.
  • Oferta cultural de la ciudad.
  • Seguridad y primeros auxilios básicos.
  • Planes de emergencia y evacuación.

Aunque no es un listado exhaustivo, creo que puede ayudar a una primera aproximación. Lo que sí que esta claro es que este personal auxiliar se convierte en un elemento estratégico de primer orden en los servicios culturales, a una escala similar a la de la planificación o el marketing.

Hemos de trabajar por conseguir la evolución de este servicio de atención hacia unos parámetros de calidad acorde con las nuevas exigencias y necesidades de los turistas y todos aquellos usuarios de nuestros servicios culturales. Es uno de los pasos fundamentales, creo yo, para conseguir una gestión cultural de calidad.

miércoles 19 de agosto de 2009

Gestionar la complejidad

Ninguna duda cabe que cuando hablamos de gestionar cultura, estamos hablando de gestionar un elemento completamente intangible. Podemos estar hablando de bienes culturales que son tangibles, pero su verdadera importancia radica en la intangibilidad que, de alguna manera, se ha materializado para poder hacerla accesible; es decir, un libro raramente será importante por su forma física (salvo contadas excepciones), sino por lo que alguien ha expresado a través de la escritura.

El mero hecho de tratarse de un bien intangible, hace que gestionar la cultura sea complejo en sí mismo. Pero, además, hemos de contar con la propia complejidad conceptual del término cultura. Y es que muy lejos ha quedado ya aquella expresión que trataba de describirla con la frase “cultura es todo aquello que no es natura”. La expresión, aunque muy descriptiva y sencilla, creo que no responde a la complejidad que supone en la actualidad el término “cultura”.

En pocos cursos y programas de postgrado en gestión cultural se da la importancia necesaria a una reflexión en torno a la conceptualización de la cultura. En muchos casos se da por supuesto que se sabe a qué nos referimos cuando hablamos de cultura, pero creo que nada más lejos de la realidad, hasta el punto de que, finalizado un curso, los mismos compañeros tienen diferentes concepciones de la cultura y siguen discutiendo sobre si determinada manifestación es cultura o no lo es.

Sin entrar a valorar las diferentes dimensiones y perspectivas que se les ha dado a la cultura (sobre las que probablemente escriba algo en otro momento), a mí me gusta siempre tomar como referencia del concepto de cultura la definición, ratificada en la Declaración Universal de la UNESCO sobre la Diversidad Cultural de 2001, y que dice:

“La cultura debe ser considerada el conjunto de los rasgos distintivos espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o a un grupo social y que abarca, además de las artes y las letras, los modos de vida, las maneras de vivir juntos, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias”.

Con esta definición pasamos de considerar la cultura únicamente como aquél conjunto formado por el patrimonio, las artes plásticas, las artes escénicas y musicales y la literatura y el cine, para englobar también aspectos como la etnografía o las fiestas populares. La cultura pasa a entenderse como una mayor globalidad… pero también se le dota de una mayor complejidad.

Hemos de ser capaces de gestionar esa complejidad de la mejor manera posible, pero siempre con criterios profesionales rigurosos. Aún hay muchas organizaciones que consideran la cultura desde el punto de vista compacto de las artes clásicas, sin ver en la globalidad el verdadero reto de la gestión.

Compliquémonos un poco la vida, y tratemos de gestionar la verdadera complejidad, la que está ahí fuera.

lunes 17 de agosto de 2009

Razón de ser

Comenzar algo siempre es complicado, y más (creo yo) un blog. Lo más sensato y útil es, en una primera entrada, explicar el por qué de la decisión de comenzarlo. En este sentido, hay varias razones que me han llevado, definitivamente, a crear este blog; principalmente:
  1. El firme convencimiento en la importancia de la transferencia del conocimiento.
  2. La consideración absoluta de la gestión cultural como una profesión.
  3. La opinión de que, en esta como en otras profesiones, la reflexión (pública y personal) es básica en el día a día.
  4. La intención de ofrecer modestamente algunas opiniones, reflexiones e informaciones en torno a la gestión cultural, fruto de la propia experiencia formativa y profesional.
  5. La necesidad personal de reflexionar en torno a algunos temas y la idoneidad de ponerlo por escrito.
  6. El deseo de orientar a otras personas en el desarrollo de la actividad profesional.
  7. La motivación de ampliar la formación y experiencia mediante la relfexión, la discusión y el debate entre todas aquellas personas que puedan acceder al blog y tengan a bien participar en él.

La creación de este blog resulta, por tanto, del deseo de poder ofrecer modestamente alguna información. La intención es la de ofrecer información relativa a bibliografía, programas de formación, jornadas profesionales, y reflexiones personales en torno a temas de interés y actualidad. La peridodicidad de las entradas tendrá que ver, lógicamente, con la disponibilidad de tiempo; y la longitud y temática de los mismos, según el interés del momento.

Espero poder consolidar esta iniciativa y que no se quede en un mero intento por culpa de la disponibilidad de tiempo libre. El tiempo dirá...

De momento, ya hemos comenzado.